Resaltar la disposición de la tripulación para que los científicos desempeñaran su labor.
A bordo del Buque Oceanográfico Miguel Oliver, pertenciente al Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino Hantton Bank no era un lugar apacible y menos para gente que no está acostumbrada al arte del marear.
En su primera singladura y prueba de fuego, el Miguel Oliver resistió altivo los invites de la mar y se codeó con los veteranos. Una experiencia corta no falta de anécdotas.
La mar, una vez más, nos enseñó que el equilibrió está debilitado y debemos tomar medidas. Hemos esperado demasiado para ver los resultados de unas técnicas extrativas poco consideradas con el medio.
Las gaviotas reclamaban su espacio con el propósito del festín de los descartes. Esta vez iban a ser piezas escasas, a veces sin entrañas, otras sin otolitos... como parte del estudio biológico llevado a cabo.
Para los profanos, un buque oceanográfico es un multilaboratorio flotante, puede hacer en la misma campaña, batimetría, estudio del subsuelo oceánico, biología marina, física, etc. Todo con los científicos embarcados para desempeñar las distintas labores. Sin ellos no habría resultados. Sin ellos, tal vez, no haya esperanzas de que se pueda salvar lo que todavía permanece inalterable.
1 comentario:
Tenemos que volver algún día.
Publicar un comentario