viernes, 28 de noviembre de 2008

EMMA BARDÁN


El tres de octubre del 2005, botábamos, en presencia de la Ministra del antiguo Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el Buque Oceanográfico Emma Bardán, con 29 metros de eslora total y 400 GT. Buque polivalente para la plataforma continental nacional.
La Secretaría General del Mar apostó por un diseño innovador pero al mismo tiempo que la estética exterior recordase al B/O Vizconde de Eza, para instaurar colores y formas corporativas.
A día de hoy, este barco que en la imagen hace su primera entrada al agua, se presenta como una de los buques a nivel mundial que más días de trabajo científico realizan al año. Considerado ya como una joya de la oceanografía recorrió todas la costa española incluyendo el archipiélago canario en distintas campañas, desde abundancia de pesquerías a levantamiento de las cartas náuticas en 3D gracias a su abanzado sistema batimétrico.

Emma Bardán Mateu, pionera investigadora del IEO dio nombre a esta plataforma que después de tres años de actividad sigue, con su tripulación y científicos, realizando campañas con la misma ilusión que al principio.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Hatton Bank

Con el capitán de la nave, Luis Gago, sentado a los mandos de las maquinillas oceanográficas, y las científicas Araceli y Julia.
Resaltar la disposición de la tripulación para que los científicos desempeñaran su labor.

En el laboratorio de biología con las esponjas del doctor Javier Cristobo del IEO de Gijón recogidas con una draga de roca. A mi lado Araceli Múñoz, doctora del departamento de geología y encargada de levantar las cartas marinas al mando de la Multihaz EM202d de Kongsberg; Julia Grummly, escocesa, invitada a la campaña; de rodillas la malageña Mirian Sayago, jefa de geología.

En el comedor de los marineros ensayando canciones meláncólicas acompañadas por el ruido de las olas contra el casco. Luis acompañaba con la guitarra de Carmen mientras Joaquín intentaba sus primeros pinitos con el acordeón de Serafín. Los palmeros espereraban una melodía alegre pero creo recordar que esta nunca llegó. Es la nostalgia del marino lejos de su hogar.


Contemplando como Joaquín Valencia, del departamento de Bentos del IEO de Coruña recogía muestras cribando los sedimentos subidos por una draga Mega Box Corer.

A bordo del Buque Oceanográfico Miguel Oliver, pertenciente al Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino Hantton Bank no era un lugar apacible y menos para gente que no está acostumbrada al arte del marear.
En su primera singladura y prueba de fuego, el Miguel Oliver resistió altivo los invites de la mar y se codeó con los veteranos. Una experiencia corta no falta de anécdotas.
La mar, una vez más, nos enseñó que el equilibrió está debilitado y debemos tomar medidas. Hemos esperado demasiado para ver los resultados de unas técnicas extrativas poco consideradas con el medio.

Las gaviotas reclamaban su espacio con el propósito del festín de los descartes. Esta vez iban a ser piezas escasas, a veces sin entrañas, otras sin otolitos... como parte del estudio biológico llevado a cabo.

Para los profanos, un buque oceanográfico es un multilaboratorio flotante, puede hacer en la misma campaña, batimetría, estudio del subsuelo oceánico, biología marina, física, etc. Todo con los científicos embarcados para desempeñar las distintas labores. Sin ellos no habría resultados. Sin ellos, tal vez, no haya esperanzas de que se pueda salvar lo que todavía permanece inalterable.